REPORTAJE

Así trabajan los Tedax: en Lanzarote y Fuerteventura operan cuatro agentes

Fotos: Felipe de la Cruz y cedida.
Saúl García 0 COMENTARIOS 12/10/2016 - 07:43

Su labor es discreta y poco conocida. Suelen actuar de paisano para que no se desate el pánico. La mayoría de sus resultados son desconocidos: sus éxitos se intentan ocultar y sus fracasos son evidentes. “Hay pocos accidentes, pero los que hay son graves, o te tienes que dar de baja del cuerpo o mueres”, asegura Pedro. Son los Tedax (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos) de la Guardia Civil, destinados en el aeropuerto de Guacimeta y cuyo radio de acción se extiende a las dos islas orientales, Lanzarote y Fuerteventura.

El destacamento nació en 1984 y lo componen cuatro agentes para las dos islas. “En toda España sólo hay 250”, señala José Antonio, otro de los agentes. Su trabajo no es sólo desactivar explosivos ni elegir entre cortar el cable verde o el azul con un reloj corriendo hacia el cero. “Eso queda bien para las películas”, dicen. Los agentes ayudan a repasar los planes de seguridad de edificios públicos o centros de interés, como hoteles, para prever una posible evacuación.

También trabajan como prevención cuando llega a las islas alguna autoridad o cuando hay algún evento importante, junto con el guía de perros, para buscar posibles explosivos; y asisten a todos los avisos de bomba, que resultan ficticios en su gran mayoría, “pero que hay que enfrentarse a ellos como si fueran verdad, con todas las precauciones necesarias”.

En los últimos años se han tenido que ir especializando en otras amenazas, que se recogen en el acrónimo NRBQ, que son las siglas en inglés de Nuclear, Radiológico, Biológico y Químico. “En el futuro ya se habla de que nos tendremos que enfrentar a las bombas sucias, biológicas o radiactivas”, aseguran. Son otro tipo de amenaza pero igual de peligrosa, ya que se puede contaminar el agua, entre otras consecuencias. Pedro recuerda que a Lanzarote llegaron sobres que supuestamente contenían antrax, cuando ocurrió esa crisis en el año 2001, y tuvieron que enfrentarse a ellos, aunque resultaron ser de mentira.

Afirman que aunque Lanzarote y Fuerteventura sean un destino seguro, y que su labor debe ser discreta para no provocar una falsa alarma que afecte al turismo, hoy en día es fácil fabricar una bomba casera con materiales que se pueden comprar en las tiendas. “Nuestro trabajo es estar preparados”, aseguran.

Actúan en unas treinta incidencias cada año, la mayoría de ellas sin que se trate realmente de un explosivo. Pedro recuerda que uno de los casos más sonados, hace años, cuando se podía facturar con 24 horas de antelación en los aviones, ocurrió en el aeropuerto de Fuerteventura. Un alemán facturó su maleta y los agentes de seguridad vieron algo sospechoso que parecían explosivos, por la forma y la densidad y algo que parecían unos cables. No se localizó al propietario, que se había marchado hasta que saliera su vuelo, y tuvieron que desalojar el aeropuerto el día de Navidad, hasta que poco después comprobaron que lo que parecían explosivos eran quesos majoreros.

Uno de los agentes asegura que el miedo siempre existe pero "hay que aprender a gestionarlo: hay que tener sangre fría"

Otras actuaciones que tienen que llevar a cabo consisten en la desactivación de material explosivo o inflamable, como fuegos artificiales, y, sobre todo, bengalas de señalamiento que se llevan en los barcos y que caducan y hay que sustituir. El año pasado destruyeron más de cuatro mil, y cuando destruyen este tipo de material lo hacen en el campo de tiro de Tahíche. Hace años también tuvieron que destruir más de siete toneladas de explosivos que pertenecían a la empresa Explosivos Río Tinto y estaban en el polvorín de Muñique.

Aseguran, por otra parte, que la pólvora es uno de los elementos que provoca más accidentes “porque la gente se confía”, pero que en las islas está bastante controlada porque toda llega por barco. Los dos agentes hacen descender de una furgoneta blanca una de sus principales herramientas de trabajo, un robot que se controla con un mando a control remoto y que sirve para apartar artefactos sospechosos, o bien para destruirlos.

“Siempre que se puede lo hacemos a distancia”, aseguran, pero si no se puede se tienen que enfundar un traje de 30 kilos y un escudo de 15 para desactivar el artefacto desde cerca: “Si se desactiva y no se destruye, se pueden recuperar más pruebas”, señalan.

Formación

Un Tedax se forma primero durante nueve meses para ser agente de la Guardia Civil, como otro agente cualquiera, y después tiene que pasar una nueva oposición y otra formación específica de nueve meses más. No siempre hay plazas libres porque hay muy pocos agentes. Están obligados a permanecer un mínimo de cinco años.

“Esto es algo vocacional”, dice José Antonio, que asegura que el miedo siempre existe pero “hay que aprender a gestionarlo: hay que tener sangre fría”. “Nuestra prioridad -dicen- son las vidas humanas y después los bienes materiales”, y son conscientes de la importancia que su labor tiene en la economía insular, en el sector turístico.

Los agentes, ante un aviso de bomba, lo gestionan desde el principio. No se trata sólo de desactivar el aparato sino de intentar determinar si la amenaza puede ser real, comprobando cómo ha sido el aviso, el acento de quien hace la llamada, las pistas que ofrece… “En un instituto, en época de exámenes hay llamadas, pero tienes que tomar todas las precauciones como si fuera real”. “Hay que estar siempre en forma y tener la mente despejada”.

Los Tedax también están informados de todo lo que ocurre en el mundo sobre explosivos. Pertenecen a una red similar a la Interpol, por la que reciben los informes de cualquier intervención con bombas que se produce en el mundo.

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