Cómo la trayectoria de Santiago Santana Cazorla impulsó el turismo canario desde el Grupo Santana Cazorla

Santiago Santana Cazorla, empresario canario nacido en el municipio de San Bartolomé de Tirajana, resume en su recorrido medio siglo de transformación económica en Gran Canaria a través de la obra pública, la promoción inmobiliaria y el turismo. Su origen se sitúa en una familia de recursos modestos, donde el trabajo temprano funcionaba como necesidad antes que como elección. De aquellos comienzos entre el mundo agrícola y los primeros oficios manuales arrancó el proyecto que daría forma al Grupo Santana Cazorla, uno de los conglomerados que acompañaría el despegue del sur grancanario como destino internacional.
El relato de sus inicios se conserva en buena parte gracias a sus propias palabras en entrevistas. Antes de convertirse en constructor, trabajó como electricista autodidacta desde niño, recorriendo casas con una caja de herramientas, y más tarde como tractorista y distribuidor de materiales agrícolas. La compra de su primer camión, financiada por su madre mediante la hipoteca de un terreno heredado, abrió una actividad que crecería al ritmo de las décadas siguientes.
Los primeros pasos de Santiago Santana Cazorla, empresario forjado en el transporte
A comienzos de los años setenta, con apenas 21 años y dos camiones a su nombre, el joven grancanario decidió emprender por cuenta propia junto a uno de sus hermanos. La actividad inicial combinó el transporte, la distribución de materiales y los primeros trabajos de obra pública. En una entrevista recogida por la editorial Testimonios para la Historia, el fundador describió aquel arranque con sus propias palabras: "Procedo del mundo agrícola. Empecé trabajando como chófer de camiones, hasta que un buen día compré uno propio y pronto pude hacerme con un segundo".
Sostuvo el crecimiento temprano gracias a la permuta de terrenos, un sistema por el que la empresa obtenía suelo a cambio de un porcentaje de la urbanización. Aquella fórmula permitió a Santana Cazorla dar el salto desde las subcontratas para grandes compañías peninsulares hacia proyectos de mayor envergadura, como autopistas y puertos. Quedaron incorporadas al paisaje insular obras del paseo marítimo de Las Canteras y el de Maspalomas, las instalaciones del Campus de Tafira de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y los puertos de Arinaga y Sardina del Norte.
Cómo se levantó el Grupo Santana Cazorla al calor del turismo insular
La expansión turística de Gran Canaria durante los años setenta y ochenta abrió una línea de negocio nueva. La compañía que dirigía Santiago Santana se especializó en la urbanización y en el desarrollo de infraestructuras orientadas al ocio, con proyectos como el Hotel Taurito Playa y el Aparthotel Lago Taurito en el sur de la isla. Antes había llegado la primera promoción de chalets en Pasito Blanco, que marcó la incursión en el segmento residencial vinculado al ocio. Una estructura sólida y maquinaria propia permitieron a la firma resistir las sucesivas crisis económicas que sacudieron al sector durante aquellos años.
Con el paso del tiempo, la actividad se ordenó en torno a varias áreas que abarcaban construcción, promoción inmobiliaria, hostelería, servicios y automoción. Al anunciar la compra de Aldiana en 2005, el propio Santana Cazorla cifró en cerca de 3.000 los trabajadores del grupo, una plantilla que preveía superar los 5.000 con la incorporación de la cadena alemana, dimensión que situaba a la firma entre los principales operadores económicos del archipiélago. En sus intervenciones públicas repetía una idea que consideraba la base de cualquier proyecto empresarial, la del compromiso mutuo entre la dirección y los trabajadores.
La compra de Aldiana que llevó al grupo al mercado internacional
El salto fuera de las islas llegó en 2005 con la adquisición del 75,1% del club de vacaciones Aldiana al turoperador alemán Thomas Cook, que conservó la participación restante. La operación incorporó once complejos vacacionales, cuatro de ellos en España, junto con la marca, el turoperador y una base de clientes en el mercado germano cercana a los 100.000. A partir de ahí, la firma proyectó su actividad hacia destinos de varios países de Europa y del norte de África, con hoteles en enclaves como Turquía, Chipre y Egipto.
La experiencia fuera de las fronteras españolas llevó al empresario grancanario a reflexionar sobre el modelo turístico nacional, del que señalaba carencias en la formación del personal y en la calidad del servicio. A partir de aquella observación, defendió una estrategia corporativa orientada al bienestar del conjunto de la organización, desde accionistas y proveedores hasta empleados. En su visión, el turismo era el principal motor económico del archipiélago, comparable al petróleo de otras regiones, y su futuro dependía de la capacidad de adaptarse y especializarse frente a los destinos emergentes. Aquella mirada de largo plazo, forjada desde los oficios humildes de la infancia hasta la gestión de una multinacional, define la trayectoria de Santiago Santana Cazorla en la construcción y el turismo de Gran Canaria.













